sábado, 19 de marzo de 2016

Memorias: El antes y el después de mi primer encierro

Hola neverlanders!

Gracias por la acogida que tuvo mi entrada sobre Anna, fue bastante improvisada y soltado todo a lo bestia, pero me alegro muchísimo por vuestros comentarios. Ahora no puedo responderlo (pero prometo hacerlo), pues he tenido un día horrible y realmente lo único que quiero hacer es desahogarme. 
Así que he pensado en poner por primera vez en mi vida por escrito todas las cosas horribles que me pasaron hace años (aunque empecé poniendo AQUÍ mis primera memorias hace bastante tiempo), sobretodo centrándome en la inutilidad e ineptitud de los "profesionales" que me llevaron, pues creo que gran parte de la culpa de todo lo que me pasó la tienen ellos. Hoy voy a hablar de mi vida y es posible que siga más adelante con la serie "Memorias" y lo hago porqué lo necesito, sois libres de decidir si queréis seguir leyendo.


Marzo de 2013

Dejé por primera vez los estudios. Estaba en segundo de bachillerato, así que me faltaban apenas tres meses para terminarlo y decidir si quería hacer universidad o FP. Pero ya llevaba desde primero queriendo dejar el bachillerato, y la verdad seguí en él por presión de mi tutora y mis padres. También llevaba más de un año diagnosticada de depresión aguda y medicándome al respecto. Tenía 17 años. 
La cuestión es que en el mismo momento de empezar segundo (en septiembre) ya estaba segurísima de que no podría, de hecho me pasé el primer día de curso llorando en el colegio. Pero ya no había marcha atrás, pues si quería hacer otra cosa (que era lo que realmente quería) ya se habían cerrado todas las matrículas. Así que de septiembre a marzo estuve a marchas forzadas, faltando a más de la mitad de clases y llorando en el colegio la otra mitad. Sólo aguanté porqué a finales de febrero se hacía con un grupo reducido de alumnos una excursión a Ceuta y Marruecos a la que quería ir desde hacía años. Pero una vez volvimos de Ceuta no pisé más el colegio.

La psicóloga que me llevaba por aquél entonces se llamaba Rosa y a pesar de que era un encanto de mujer, mi caso le fue grande. No supo qué hacer conmigo y me propuso de ir a un hospital de día (un hospital de día es un centro al que vas durante el día a hacer terapias varias y luego vuelves a tu casa, no es un ingreso cerrado). Como había dejado los estudios no había problemas de horarios, pero costó encontrar disponibilidad, así que hasta finales de mayo no ingresé en el hospital de día. Era un centro enfocado a adolescentes, de entre 12 y 22 y yo era de las mayores. Enseguida me llevé bien con todos los educadores y chicos del hospital y no me desagradaron mi psicóloga, Gema, ni mi psiquiatra, Claret.

Pero se torcieron las cosas de muy mala manera.

Mi novio (con el que llevo 6 años) y yo no siempre hemos sido tan felices como lo somos ahora. Hemos tenido épocas muy malas. Y ésta fue de las peores. Entre que yo estaba muy deprimida, irascible y sensible y que él, como es lógico, no sabía lidiar con una pareja tan desequilibrada como yo, estábamos en una racha terrible. Así que decidimos darnos un tiempo como pareja, con algunas condiciones. Entonces llevábamos 3 años, yo tenía 17 y él 18.

Yo no buscaba nada con nadie, simplemente queríamos evadirnos el uno del otro para poder respirar de una relación en la que cada día nos decíamos cosas muy feas. Pero las cosas pasan cuando menos te las esperas y cuando llevaba a penas tres días en el hospital de día apareció un chico llamado Adán (a día de hoy pocas cosas me duelen más que ese nombre...) que puso mi mundo patas arriba. Yo estaba muy perdida, quedándome sin amigas, con unos padres que no confiaban en mi y recién separada de mi pareja. Por no decir que mi enfermedad empeoraba cada día más. En fin, no quiero justificarme. La cuestión es que hubo algo entre Adán y yo, algo que duró una semana. Rompí totalmente la gran condición que mi novio y yo pusimos respecto a nuestra separación y por otra parte, Adán me utilizó de usar y tirar, sólo para... Bueno, para eso. Yo no supe como reaccionar, pues sentía que me había enamorado perdidamente de Adán (aunque ahora me doy cuenta de que fue una obsesión enfermiza), pero por otra parte la verdad era aún más dura: había sido infiel. Podéis pensar que a raíz de mi infidelidad me merezco todo lo malo que me haya pasado, pero yo no me voy a defender, simplemente diré que las cosas no son blancas o negras. El asunto de Adán me removió por dentro y sacó lo peor de mi, lo que aún no consigo sacarme, lo que me trajo todos los problemas posteriores: la autolesión. Es cierto que llevaba autolesionándome desde bien pequeña, con mis uñas, con paredes ásperas, con objetos como pendientes. Pero en esa época, junio de 2013, llegué a la autolesión máxima. Os explicaré mi rutina: Me levantaba, bajaba a la papelería a comprarme un cúter, me cortaba el brazo desde el hombro hasta la muñeca, me ataba una toalla, robaba dinero a mis padres para pagarme el taxi y me iba en taxi para no ir desangrándome por la ciudad. Mi piel se cortaba como si fuera mantequilla, sin exagerar. Luego en el hospital de día me curaban los cortes y me requisaban el cúter, pero al día siguiente lo compraba y vuelta a empezar. Y todo por Adán, por mi obsesión con él, por la frustración de que me había mentido, porqué tenía la necesidad de que él viera el daño que me había hecho. Pero los que llevaban el hospital eran listos y nos combinaban los horarios para que nunca coincidiéramos. Pero eso no impedía que yo apareciera, incluso cuando no debía ir, desangrándome por todo el brazo.

Luego está el asunto de los profesionales del hospital de día. Claret, el psiquiatra, experimentaba conmigo. Así, tal cual. En esa época no llevaba tanto tiempo medicándome con medicación fuerte y aún me afectaban mucho los efectos que tenían en mi y en mi cuerpo. Hablo de ansiolíticos, antidepresivos incluso antipsicóticos. Pues el señor Claret, como si yo fuese una ratita de laboratorio, me cambiaba la medicación CADA DÍA. O sea, no cada día. Lo veía dos o tres veces por semana, pero nuestras conversaciones eran tal que así: "Ah, ¿te cuesta dormir? Tómate una más de éstas por la noche. Si sigues sin poder dormir tómate dos más." También: "¿Tienes sueño por la mañana? Tómate más antidepresivo, así espabilas." También: "¿Te duermes durante el día? Pues las pastillas que te había dicho que aumentaras bajas la dosis." Así tres veces por semana. Subiéndome y bajándome una medicación muy fuerte como si fuesen caramelos. Si no recuerdo mal, en ese entonces tomaba: Escitalopram, Trankimazim, Seroqel y Diazepan (este último en momentos puntuales). Podéis buscarlos en Google. Es una medicación muy, muy fuerte como para ir subiendo y bajando la dosis cada día. Mi cuerpo y mi mente estaban locos, nunca mejor dicho.

Luego está el hecho de que me volví adicta al Seroqel (también conocido como Quetiapina) y por desgracia aún lo soy. En numerosas ocasiones, tras un ataque de ansiedad me tomaba muchos comprimidos hasta quedar inconsciente y que me tuvieran que llevar al hospital a desintoxicarme. Por desgracia ésto me sigue pasando hoy en día, aunque mucho menos a menudo. 

¿Cómo llegó mi primer ingreso? Bien, os he hablado del psiquiatra, ahora voy a hablaros de la psicóloga del hospital de día, Gema. Gema parecía tener una obsesión un poco rara conmigo, siempre me decía que cortase con mi novio y cuando tuve lo que tuve con Adán también me decía que no me acercase a él. Siempre me amenazaba con ingresarme si seguía cortándome. Así no se llega a ninguna parte, pensaba yo (y sigo pensando). Si estás tratando con una adolescente enferma, no se puede curar su enfermedad amenazando. Pero en esa estúpida cabeza suya, ella estaba convencida de que las enfermedades se curaban con amenazas. 
Bueno, la cuestión es que yo estaba muy perdida. Mi novio me odiaba (con razón), yo me debatía entre que lo quería a él pero también estaba mi obsesión enfermiza por Adán (que no hacía más que humillarme en público y en privado), mi adicción a los antipsicóticos, mi rutina de cortarme, estar perdiendo a todas mis amigas y prácticamente odiar a mis padres y a mi hermano. Una noche de julio salí con mi amiga de fiesta y cómo aún no había vuelto del todo con mi novio, me dio el arrebato, además que estaba bastante borracha, y me enrollé con un italiano llamado Alessandro, del que no recuerdo ni la cara. Esta vez fueron sólo unos besos y bastante poco rato, así que no incumplí nada de lo que habíamos pactado, pero al día siguiente me sentí tan mal que me volví a cortar. Mi psicóloga, dos días antes me había dado un ultimátum "Si te vuelves a cortar, te encierro" y yo era plenamente consciente de lo que hacía, pero me sentía tan mal de haberme liado con el italiano que me corté para buscarme yo misma el castigo. 

Me recogieron en ambulancia a mi casa y me llevaron a la UCA (Unidad de Crisis de Adolescentes).

Era un lugar horrible, donde no podías ni respirar sin que te vigilaran con lupa. Parecía un manicomio de los años 30. Era pleno julio y no podíamos llevar faldas, ni shorts, ni tirantes. Debíamos ir con pantalón largo o por la rodilla y camisetas de manga corta sin que se insinuara ningún escote u hombro. Las habitaciones estaban vigiladas por cámaras. Cada mañana venía una enfermera a vigilar que nos duchábamos, nos registraban completamente (hablo de desnudarse) varias veces al día y apenas podíamos hablar entre nosotros, sólo en la hora de recreo. El resto del día lo pasábamos en una sala cerrada, sentados en sillas y teníamos que hablar muy bajito o nos reñían. Aún gracias que podíamos traer mp3 y escuchar música, yo no tenía y a veces me ponía el auricular de alguna compañera, hasta que también lo prohibieron. No podíamos cantar, no podíamos sentarnos cruzando las piernas, no podíamos alzar la voz, y así nos pasábamos el día hasta que a las 9 nos enviaban a una habitación cerrada con llave por fuera y totalmente vigilada.
Yo no encajaba en aquel sitio. Es cierto que era una adolescente y estaba en crisis, pero la gran mayoría de chicos de allí no eran personas con depresión o enfermas como yo, sino más bien los típicos adolescentes conflictivos con problemas familiares, de drogas, de peleas... Mi compañera "de celda" (como yo lo suelo decir) era una chica de 13 años que se escapaba siempre de casa para ponerse hasta arriba de cocaína, y lo llevaba haciendo desde los 11-12. Casi todos los chicos de esa unidad tenían problemas parecidos, y éramos pocos los que teníamos depresión o problemas alimenticios. Olvidé mencionar que en aquella época yo sufría bulimia y me provocaba siempre el vómito, aunque cuando ingresé en la UCA llevaba un tiempo estable en ese aspecto. Algunas de las chicas de mi unidad, que sufrían anorexia o bulimia, tenían cerrado con llave el lavabo de la "celda" y debían pedir permiso al enfermero (a través de un timbre, pues como he dicho las habitaciones también estaban cerradas) para que les abriera el lavabo. Un día me puse mal del estómago: Me obligaron a comer chorizo para desayunar y no me sentó bien. Estuve con malestar todo el día, hasta que por la noche me pusieron unos huevos con una bechamel fría y asquerosa y mi cuerpo no lo soportó. Me tuve que levantar corriendo del comedor e ir al lavabo porque me vino una náusea y vomité (sin provocarlo) todo lo que había comido durante el día. Los enfermeros lo vieron y sabían que no había sido cosa de mi enfermedad, sino que tenía mal el estómago, aún así mi psicóloga responsable (de la que no hablaré pues no es relevante) hizo que a mi también me cerraran el lavabo con llave. Total, que cada vez que tenía que ir al lavabo, tenía que llamar al enfermero por el timbre, que me abriera la puerta y se quedara mirando hasta que acabase, no fuese que me diera por provocarme el vómito. Muy agradable y coherente todo. 

Lo único bueno de ese sitio fue la familiaridad y el apoyo mutuo de los chicos que estábamos allí encerrados, siempre nos dábamos ánimos unos a otros. Y, por supuesto, lo mejor eran las dos horas de permiso por la tarde. Los primeros días tenía que estar en la sala de visita con mis padres, pero pocas veces fui tan feliz como cuando me dieron permiso para salir. A veces me visitaban mis amigos y a veces mis primas, y nos íbamos a tomar un helado. Pero claro, luego había que despedirse, volver, desnudarse para el registro y si ya habías cenado, te mandaban a la habitación hermética a las 7 de la tarde.

Bueno, por suerte sólo estuve allí 17 días ("sólo", digo... fueron ETERNOS), del 14 al 31 de julio, y pasé un genial agosto con mi mejor amigo y poco a poco recuperándome de la mala racha con mi novio. Tenía toda la ilusión del mundo, quería que la mala experiencia del hospital de día y la UCA quedaran como un hecho aislado, tenía la esperanza de que cuando cumpliese los 18 en septiembre todo mejoraría. Ya sabía lo que quería estudiar, Auxiliar de Enfermería, me encontraba mejor y realmente, aunque seguía con depresión, aproveché ese verano del 2013 para tratar de depurarme de todo lo malo y empezar de nuevo.

Pero como siempre, alguien tiene que fastidiarlo todo. Y ese alguien tenía nombre. Se llamaba Gema y era, de nuevo, la psicóloga del hospital de día.

Antes de volver a Gema debo decir un par de cosas: Cuando cumplí 18 fui feliz. Toda mi familia y amigos me organizaron una fiesta gigante con limusina, champán, un local enorme para todos, me hicieron un vídeo con toda la gente importante y me regalaron mi primer ordenador. Y además, empecé el curso por esas fechas, pues mi cumpleaños es el 18 de septiembre. Cuando empecé Auxiliar de Enfermería era prácticamente feliz, lo más feliz que había sido en años. Volvía a estar bien con mi novio, estudiaba algo que me apasionaba, mi clase era la mejor que había tenido en mi vida, con mis 18 años me sentía capaz de todo... vamos, que parecía que iba a mejorar. Pero vamos a volver a la joyita de Gema.

No pude dejar directamente el hospital de día a pesar de que estaba ya estudiando, pues estas cosas en teoría se han de hacer poco a poco. Así que tres o cuatro días a la semana (de los cinco que estudiaba) me tenía que ir una hora antes para llegar a tiempo al hospital de día, que cerraba a las 15h. Y allí me esperaba Gema con su obsesión conmigo. Desde el principio que yo le dije que estaba feliz estudiando, ella me decía que no, que no estaba preparada para estudiar, que seguía enferma y que debía volver a pasar la mañana en el hospital de día. Por otra parte, Claret volvió a hacer de las suyas con la medicación y muchas noches no dormía y tenía que llegar una hora o dos tarde a clase. Para luego marcharme antes al hospital de día. Mi burbuja de felicidad se iba rompiendo, día tras día escuchando que no estaba preparada y que tenía que dejar los estudios y volver al hospital. Total, que a mediados-finales de octubre, cuando llevaba poco más de un mes estudiando, recaí en todo. Dejé los estudios, volví a cortarme, incluso volví a tomar pastillas (mis padres las escondían, pero yo siempre las encontraba) y a quedar en estado comatoso. Cuando dejé los estudios, Gema estaba contentísima diciendo que había hecho lo que tenía que hacer y que ahora podía ir siempre al hospital de día "para estar más atendida y más cómoda". Me enfadé muchísimo con ella y corté toda relación con el hospital de día, dejé de ir, no les cogí las llamadas... Hasta que Gema llamó a mis padres para que me llevaran a hablar con ella a la fuerza. Ella me dijo que respetaba que no quisiera seguir yendo al hospital de día (¡ahora lo dice!), pero que entonces... Tendría que ingresar en otro sitio.


Ha sido muy duro para mi contar ésto, pero necesitaba sacarlo. Quizá más adelante siga contando la historia de mis ingresos (pues aún quedan dos, y el tercero fue el peor), quizá no, pero realmente hoy necesitaba sacarlo todo fuera. Puede que los que me veis publicar en Facebook cosas como que odio a los psiquiatras, así entendáis un poco mejor el por qué.
Si lo habéis leído todo... Gracias por tener un rato para mi :)

Besitos!

-Lily







3 comentarios:

  1. ¡Hola Lily!
    Me hiciste llorar, pero, justificadamente. Sabía que tu vida había tenido momentos tristes, pero no a este grado; créeme que si yo fuera tú, no hubiera durado ni la mitad de lo que tú resististe. Por eso te admiro, eres alguien que, no importa las barreras que se le atreviesen, siempre logras cruzarlas. Vaya, te tengo tanto que decir, pero no tengo las palabras adecuadas.

    En una entrada que publiqué a la que tú me comentaste, dijiste que habías probado en tabaco y todo ese tipo de cosas "adolescentes", si bien fumar es algo malo, yo sé que lo tuyo lo hiciste por no encontrar una salida. Yo he conocido a varias chicas que en un momento de su vida se cortaban, pero no sabía que era por problemas, no las entendía, siempre las juzgaba a sus espaldas y ahora reconozco que fui una tonta. Lily, me hiciste ver la vida de manera diferente, que no todo es de color rosa, pero no todo es oscuridad. Que siempre se puede luchar y lograr lo que deseas.

    Cambiando de tema, destesto esas psiquiatras (Gema, ugh, ¿Por qué todas las personas que conozco llamadas Gema me caen mal?), y me hiciste recordar, una de las opciones que tenía para estudiar era psicología, lo admito. Aunque siempre creí que los psicólogos nunca trataban bien a sus clientes por cómo les hablan, no todos obviamente, pero veo que más o menos tenía razón, me gustaría hacer la diferencia, pero aún tengo que pensarlo.

    Yo sé que tu novio te quiere mucho porque a pesar de todo (Que en sí, no fue tu culpa, son situaciones que pasan) él sigue contigo y tú con él. Leía las publicaciones de ti y él, pero creía que cuando escribías "momentos malos" te referías a cosas 'equis' que pasan en todas las parejas, pero ahora, veo que fue mucho más y son de las relaciones más bonitas que he visto (¿Han pensado en boda algún día? jaja son mi OTP ❤)

    Qué bueno que hayas podido desahogarte, todos lo necesitamos de vez en cuando :).

    Te quiero mucho, mucho ❤ Eres mi super heroína favorita :D. ¡¡Besos!!

    P.D. En otra entrada no pude comentar, pero quiero que sepas que a mí me gusta que tus entradas sean largas xD x3

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  2. A ver... Yo no soy una experta en psicología, pero creo que encerrar a alguien con problemas y prohibirle la expresión y la comunicación no es precisamente lo más adecuado para una persona con depresión, pues necesitan cariño, ánimos y apoyo, no aislamiento. Yo tampoco tuve unos psiquiatras/psicólogos muy competentes pero por suerte no les hacía caso. A mi cuando me dijeron que a lo mejor el problema era mío por tener "esos gustos" (ojo, que se refería a que me gustara en manga y los videojuegos) y que tenía que cambiar. Bravo! Mejor hacer algo que no te guste, claro, no hay nada mejor para evadirse.
    En fin, yo espero que por ahí haya psicólogos competentes, y espero que mi primo sea uno de ellos. A los psiquiatras no los nombro porque no me gustan, como tú dices, parece que experimentan con uno. Y lo de las amenazas... Que te amenaza yo como amiga creo que tendría un pase pero que lo haga alguien que se supone que sabe tratar con gente depresiva... En fin :(
    Tú sigue recuperando tu voluntad y amor propio, es todo lo que necesitas.

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  3. Ay Lily no sé ni que decirte.
    Antes que nada quiero decirte que te admiro muchísimo, tu historia es muy triste, y como dice Karency, yo no hubiera aguantado ni la mitad de lo que pasaste... ¡Eres muy fuerte!

    Quiero decirte que cuentas conmigo para lo que quieras, desahogarte, contarme algo, o simplemente tontear aquí estoy.

    Y ya odié a Gema, iugh, que mujer tan detestable, le quiero lanzar algo en la cabeza.

    ¡Ánimos!

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Besitos!
-Lily